Cada día, hay más de una oportunidad para aliviar el dolor y celebrar la vida. Gerardo Betancourt Moya, de apenas 23 años de edad, es uno de los 42 millones de voluntarios que en nuestro país, atiende situaciones de emergencia como paramédico de la Cruz Roja:
Cuando tienes la oportunidad el destino te convierte en la persona adecuada en ese momento adecuado. Muchísimas personas me dieron las gracias, incluso había unas que te querían dar dinero, pero nosotros nada más le decíamos: No señora, así está bien. O había gente que no tenía nada y te quería dar cosas.
Estar en contacto con heridos y atender toda clase de accidentes, permite a los rescatistas y personal de salud, entender la muerte como un proceso natural que nadie puede evitar. Sin embargo, esto no los exime de padecer el estrés, el desánimo o la depresión. Según Gerardo, enfrentar el riesgo del suicidio, es una constante en este trabajo que se combate con el buen humor:
Si tú te quisieras suicidar lo vas a lograr rápido. Entonces qué haces para evitarte esa tensión, en la Cruz Roja todos hacíamos chistes y bromas para contrarrestar.
Ser paramédico, le permite valorar de forma diferente la vida. Darse cuenta de nuestra condición frágil y perenne:
Me marcaron que había muchos cuerpos tirados, llegamos y me dijo una señora oye mijo dónde están mis gemelas ¿Están bien? Sí señora no se preocupe de seguro ya se las ha de haber llevado otra ambulancia. Usted preocúpese por usted. Entonces la señora se va corriendo pero nunca ve a las gemelas, incluso se tropieza con una de ellas y se vuelve a sentar.
Gerardo dice estar preparado para cualquier situación. Sobre la muerte, su propia muerte, sólo tiene un deseo:
Me gustaría morirme de cualquier forma menos quemado, ahogado o en manos de la mafia.
Cada 2 de noviembre, en México honramos a los muertos con ofrendas, folklor y recuerdos. Es la oportunidad de reír de una cita impostergable y de celebrar la vida.
Yahaira Rios, Jessica Padilla y Viviana Cervantes
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