jueves, 14 de noviembre de 2013

Memoria y verdad, claman miles y millones en México. Desconocen el paradero de sus seres queridos. Mueren en vida.

Ellos no pudieron despedirse de los suyos porque se los arrebataron. No saben dónde están, pero buscan su “memoria y la verdad”. Reunidos en aquél espacio oscuro, cubierto de pañuelos blancos en las paredes, piensan cada día, tarde, noche y en cada lugar, en ese alguien e ignoran su paradero.

El Colectivo Bordemos por la Paz, Guadalajara, recuerda a personas desaparecidas y asesinadas a consecuencia del crimen organizado y la intolerancia que azota a nuestro país. 

Mil 600 pañuelos bordados con el nombre e historia de cada persona. Los asesinados con puntadas rojas y los desaparecidos en verde, estuvieron colgados por las paredes del Laboratorio de Artes y Variedades (LARVA), en la capital del estado de Jalisco. 

Son los mismos pañuelos que han sido bordados desde marzo del 2012 en el Parque de la Revolución, también conocido como el parque Rojo. Irma Leticia Hidalgo Rea, integrante de Fuerza Unida por Nuestros
Desaparecidos(as) de Nuevo León (FUNDENL) y madre de Roy Rivera Hidalgo, cuyo paradero se desconoce desde el 11 de enero de 2011, relata cómo es vivir con la incertidumbre de desconocer dónde y cómo está su familiar: 
 “La desaparición de una persona es lo peor que te pueda pasar a ti. Separarte de tu hogar, de tu familia, quitarte tu identidad, tal vez la vida, porque no sabemos si están vivos o muertos. No saber dónde están, es un dolor que mata. Que mata el alma, pero no te mueres. Eso es lo peor que te puede pasar. Vives sin morirte y mueres en vida, al tener una persona que tú amas desaparecida, es vivir como un zombi. Los días pasan; amanece, anochece, y para ti es igual. La luz siempre prendida para que regrese, la esperanza de encontrarlo. Por eso, nosotros tenemos la consigna de que buscamos vida. No la vida de ellos, sino la de nosotros, porque al encontrarlos ellos, nos pueden regresar la vida a nosotros”. 

La oscuridad del inmueble, cubierta apenas por la tenue luz que desprendían las velas de esperanza, permite al visitante experimentar la vulnerabilidad de los cuerpos que ya no están. Reconocer la indefinida circunstancia de muerte en vida que padecen los familiares de estas personas.

Altares sirvieron para escenificar absurdas y crueles realidades como el feminicidio, el asesinato por odio a homosexuales, lesbianas o transgénero; por xenofobia, que victimiza a los migrantes en su tránsito por nuestro país. 

Un altar hecho con madera, con flores blancas, velas y varias fotografías, recibía a las personas. Después, la obscuridad del gran LARVA. Una simulación de árbol con ramas de cartón esperaba a la izquierda, quería que fueran sinceros y escribieran qué harían para traer la paz. A la derecha, dos grandes tribunas llenas
de personas, entre ellos, fotos de desaparecidos simulando ocupar un lugar. Justo al frente, estaba una manta evocando “Alto a los feminicidios”. 

Después, una catrina enorme fue iluminada con los colores de la bandera del arcoíris, ícono de la comunidad de la diversidad sexual; al centro del espacio, 72 cruces de colores, en honor a los migrantes asesinados en Tamaulipas. Colgados y en el suelo, se veían gafetes de periodistas muertos y desaparecidos. 

Fotos, audios, pinturas, palabras, proyecciones de documentales y videos; reflexiones, cartas, y lágrimas agotadas, son las expresiones que acompañan a este memorial en respuesta a lo que el gobierno no está haciendo. 

Irma Leticia Hidalgo, relata el proceso al acudir con autoridades ministeriales para
aclarar la desaparición de su hijo: 
“Cuando llegas, tratan de minimizarlo. Te quieren hacer creer que simplemente, con denunciar ya hiciste lo que tenías que hacer. Todos nosotros, sabemos ahora; podemos constatar que toman el expediente, el caso y lo guardan en un cajón; o se sientan arriba de ellos. Aún, cuando tengan todas las pruebas que necesitan,
inauguran las otras instituciones Pro Víctima y la Unidad Búsqueda de Personas Desaparecidas, pareciera que están trabajando. Es una pantalla, es detener todos los procesos. Ya estamos trabajando. Tú no te apures, nosotros lo vamos a hacer. Y, no es cierto; nunca es cierto. Nos veían y de la puerta nos decían que no había nada, que regresáramos otro día”. 

María Guadalupe Morfín Otero, Fiscal especial para los delitos de violencia contra las mujeres en la Procuraduría General de la República (PGR), comenta que a partir de la demanda de la ciudadanía se aplicó en nuestro país, la alerta AMBAR, creada al sur de los Estados Unidos. 
“Había denuncias y quejas ciudadanas en el sentido de que no se buscaba a las que las mamás o familias reportaban como desaparecidas desde las primeras 24 horas, que son definitivas para un hallazgo pronto. 
Sino que se esperaba a la protocolo o alerta AMBAR que obliga a actuar en las primeras 12 horas. Inmediatamente, empezar con acciones entre autoridades y medios de comunicación, se está con respaldo
de la Embajada de Estados Unidos en colaboración con la Fiscalía, se está aplicando en todas las entidades de la República Mexicana. La conclusión es esa, las primeras horas son decisivas para tener un buen diagnóstico y una buena metodología de búsqueda” 

“Memoria y verdad”, fue el tiempo y espacio con cabida para la tristeza y esperanza, para el enojo, y la tranquilidad; para la información y la unión entre las personas que sienten y hablan un mismo idioma, el del dolor de perder a un ser amado. 

“Memoria y verdad” bordó un ataúd de tela y letras rojas para el funeral de algunos, y un escudo de tela y letras verdes para el regreso de otros. 

La H No Muda: Grecia Sahagún, alumna de Redacción Periodística en Radio,
Periodismo, CUCiénega, UdeG

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